Llegada a puerto

                Nuestro viaje llega a su fin y llegamos finalmente a puerto. El año 2019, cuando se inició nuestro viaje, queda ya algo lejano. Ahora nos encontramos en 2030.
                Me gustaría decir que la educación ha cambiado mucho en estos años, pero no, no es así. En lo que sí ha cambiado, ha sido a nivel tecnológico, por supuesto. Porque sí, la tecnología ya no solo tiene una gran presencia en nuestras vidas, sino que se ha convertido prácticamente en el motor de ellas. Y obviamente, sale mucho más rentable tener ciudadanos que no entienden sus vidas sin tecnología que ciudadanos en los que las relaciones sociales vuelvan a ser cara a cara y no a través de una pantalla. 

El panorama que se presenta sigue siendo desolador. La educación sigue siendo moneda de cambio entre los diferentes partidos políticos de nuestro país. Una de las principales áreas a las que apenas dan importancia, y en la que no dudan implantar recortes. Siempre que son capaces de formar Gobierno, claro, porque no siempre lo consiguen. Se ha vuelto una tradición ya.

El uso de las herramientas tecnológicas, promovidas por el Ministerio de Educación en su

competencia digital, intento usarlas con la responsabilidad que se merece. No obstante, veo a diario como muchos de mis compañeros, sobre todo quienes cuentan con más años de docencia, no son capaces de manejarse con estos soportes. Las tecnologías avanzan y evolucionan a un ritmo desmesurado y resulta casi imposible ponerse al día con ellas. Se hace imprescindible una formación específica en este ámbito. Pero como esta formación no siempre llega por parte del Ministerio, desde el Departamento de Orientación al que pertenezco, intentamos suplir esas carencias de la mejor manera que se puede. No nos queda de otra.

La calidad educativa sigue desvaneciéndose por el camino. A nadie parece importarle aquello que decía Paulo Freire de que “la educación no cambia el mundo, cambia a las personas que van a cambiar el mundo”. No hemos ido más allá de las bases que sentaba la LOMCE (2013). Aquella ley que, contra todo pronóstico y a la que con tanta fuerza se opuso gran parte de la comunidad educativa, salió adelante. Ahora, la que pretenden que sea la nueva ley de educación, tampoco es mucho más esperanzadora. 

Nuestro sistema educativo sigue frustrando la creatividad y no promueve el pensamiento divergente, y mucho menos el crítico. El alumnado sigue estando en un segundo plano y el sistema intenta arreglar todo con una especie de pegamento multiusos que promete recuperarse de los miles de recortes sufridos en educación. El sistema de reválidas sigue activo y es la clave para acceder a la Universidad tras el Bachillerato. Por supuesto, religión se ha terminado de comer con patatas a la ética y valores ciudadanos. Menos mal que todavía quedan profesionales de la educación que le echan un par de huevos al asunto. 

                Con muchos de esos profesionales tuve la suerte de compartir pupitres. Los años de universidad y aquel año en el Máster de Secundaria queda ya un tanto lejano. Pero siempre que nuestras agendas nos lo permiten, intentamos reunirnos. Sí, sí, en persona. Aunque hay que admitir que las tecnologías nos facilitan mucho las cosas para mantenernos en contacto.

Como hacíamos en el año 2019, seguimos indignándonos con el sistema educativo. Cada uno de nosotros aportamos nuestro granito de arena y nuestra parte más humana a la educación. Intentamos que nuestro alumnado sea el protagonista de su propio proceso de aprendizaje. Ponemos sobre la mesa, aquellas buenas prácticas docentes que nos dijeron que debíamos llevar a la práctica aquellos que no las llevaban a cabo. Estamos intentando formar personas humanas, valga la redundancia. Personas críticas y reflexivas con toda la información masiva que reciben y con la sociedad en la que viven.

De poco sirve intentar cambiar el mundo. La parte más humana se está perdiendo. Y nuestras baterías, como la de los aparatos tecnológicos, se nos están agotando. Se necesita una inyección de energía urgente. Pero ésta aun no llega. Ni se la espera. La educación, ahora en modo standby, parece que acabará por apagarse.

Comentarios

  1. Querida compañera es un placer coincidir contigo durante este máster, esta siendo muy agradable y motivador estar con personas movidas por vocación y entusiasmo por ir a mejor.
    Enhorabuena por el blog es muy interesante y completo. Estoy totalmente de acuerdo en las ideas que plasmas, y espero que juntas en nuestra profesión alcemos la voz y luchemos por nuestro puesto.

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